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Archive for the ‘Utopía’ Category

Ser o no ser


 

Mientras más se acerca la fecha, es más necesario unir fuerzas para defender este proyecto nacional. Proyecto que viene molestando a ciertos sectores de poder, que han demostrado que piensan dar pelea sin cuartel. Lo cual no hace más que obligarnos a no bajar los brazos y actuar no solo motivamos por la pasión, sino también por la razón.

Por eso es conveniente ser precavido para evitar puntos de conflicto innecesarios que pueden servir para darle de comer a los animales de carroña, que están a la espera de una caída para atacar. Y los últimos meses desde orillas oficialistas se originaron auto-atentados motivados por el egocentrismo o por la reacción sin pensamiento previo. Hay mucho en juego como para que nosotros mismos nos volvamos nuestros propios talón de Aquiles. Era útil resolver problemas internos durante la elección de Capital? A caso el pase de facturas es Nac & Pop? Las peleas tienen que ser parte de la Divina Comedia o el show puede ser solo para un público selecto?

No podemos confiarnos, porque la victoria solo se debe festejar cuando se terminan el recuento, no antes. Como tampoco se debe repartir la herencia, cuando todavía no hubo un muerto. Si buscamos defender las banderas que se levantaron en 2003, no hay que ser pie de los cuervos que están a la espera de que tomemos una siesta.

“Nunca menos” cantamos con euforia, por ende no seamos hipócritas y sigamos tirando para adelante como un frente plural que busca seguir construyendo un país distinto. Si se sigue buscando demostrar quien la tiene más grande, posiblemente sigamos alimentando a los que se sienten incómodos con este proyecto. Unidos o dominados, Unidos o Del Sel….

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Adictos al sistema


 

El tomar conciencia genera quiebres en la vida de uno. De hecho creo que uno se vuelve un ser, desde el momento que toma conciencia de aquello. Pero la vorágine de la vida actual nos pone trabas para pensar en ello. Por eso como sostuve en otro post, uno suele incorporar la rutina a tal punto que pierde la conexión del porque de los hábitos. Nos levantamos los lunes a las 7 de la mañana, porque es lunes. Tomamos el tren y entramos a trabajar porque la rutina lo manda, y no porque entendemos el motivo por el que lo hacemos. Si alguien tiene dudas, lo invito a mirar las caras de las personas que al igual que el avestruz tiene la cabeza metida en la rutina. Por todo esto, me animo a decir que el sistema nos lleva a que nuestro cuerpo entre en movimiento, no por un proceso motriz donde exista una combinación de músculos, sino por que la rutina nos manda a hacerlo. Y es recién tomando conciencia cuando despertamos de la rutina.

Pero este sistema que nos cosifica y del cual uno busca entender, se vuelve una adicción. Porque estar fuera del sistema implica costos que es difícil llevar adelante. Por ejemplo, yo trate de jugarle un partido y fui a tercera con un rey. Tome la decisión de no trabajar por trabajar, sino encarrilarme con mi carrera. Buscar un trabajo que me sirva para la cabeza. No pido el camino allanado, solo busco una oportunidad. Pero sumado a mis errores (porque no todo es culpa del sistema), el sistema me pone sus condiciones. Por ejemplo te hacen test de todo tipo cuando en realidad, la elección en muchos casos es meramente subjetiva.

Además el sistema cuenta con un sistema de represión importante el tiempo. Porque cuando dejas de contar días y pasas a ver correr los meses, la cabeza empieza a cuestionarse decisiones, es ahí donde el sistema busca corromper el camino elegido. No busco negar el contexto, menos mi responsabilidad por las decisiones que tomé, y esta claro que mi historia será una de muchas. Pero esta situación de pseudo “crisis” existencial te hace dudar. Y creo que el sistema tiene morbo, porque te educa  con la “zanahoria” de buscar tu camino, pero entras siempre y cuando le seas funcional.

Quizás esto sea una catarsis, o la unión de palabras con cierta coherencia por parte de un loco. Pero por mi parte hoy tenía ganas de pegar un grito de desahogo. Aunque por momentos me cuestiono si valía la pena despertar de mi siesta, quizás dicho cuestionamiento se debe a las mieles de las comodidades a las que me había acostumbrado ,pero creo, como un estoico, que es mejor entender, que dejarse llevar. Por lo cual seguiré en mi lucha contra los molinos de viento.

Ilusiones necesarias


Los manuales nos enseñaron que al llegar Colon a América, los indios se sorprendieron con las baratijas de los europeos, lo cual los llevó a cambiar oro y joyas por espejitos de colores. Nos reímos de su ignorancia, pero los ignorantes e hipócritas somos nosotros. No solo por el hecho de desconocer lo que realmente sucedió, sino porque nosotros necesitamos de los espejos de colores para vivir y los indios no. Digo que necesitamos, porque desde hace mucho tiempo preferimos vivir en la caverna, tomando a las sombras en la pared como la realidad, en vez de romper la cadena e ir al encuentro de lo real. Compramos realidades premoldeadas, ya que al igual que los ciudadanos de Troya, vemos un caballo cuando en realidad estamos ante nuestro verdugo.

Hablando de caballos de Troya, hablemos de la democracia. Existen dos tipos de democracias, la real y la ficticia. La real es la de los teóricos.  Y la ficticia es la que sirve de escenario para que los titiriteros muevan los hilos sin cuestionamientos. ¿A que me refiero? La democracia como tal, fue perdiendo peso. Un claro ejemplo es que en la balanza pesa más la fuerza de una multinacional que el voto popular. En caso de desconfianza, invito a repasar los primeros tiempos del gobierno de Evo Moralez en Bolivia, fue elegido “democráticamente”, pero porque quiso cambiar las reglas del juego, los sectores de poder buscaron derrocarlo. Igualmente la anemia de la democracia es multicausal. Que cada vez menos  ciudadanos hagan cumplir sus derechos civiles debilita la esencia de los gobiernos democráticos.

Esta claro que hablar de “buenos y malos” queda para las películas, ya que si uno se propone buscar culpables, debe evitar el camino más corto. No todo es culpa de un solo actor, pero es interesante destruir ciertas máscaras. EEUU levanta la bandera de la democracia, cuando solo esta interesado seguir jugando al “Monopoly” con el resto de los países. Desde la Casa Blanca se sostiene que se está ayudando a Irak para que el pueblo arribe al eden de la Democracia. Pero para ello no importa la cantidad de muertos, solo importa romper las cadenas de la opresión, y abrir las llaves necesarias que permitan que el petróleo viaje en camiones aliados. Se manipula el concepto de democracia, desprestigiándolo y volviéndolo una mera excusa. Ya que como es sabido la democracia es lo que menos importa. Solo interesa que el gobierno de turno sea funcional a EEUU (en realidad a los intereses que representa). Los gobiernos que buscan recuperar ese término en desuso de soberanía son puestos bajo la lupa. No importan los métodos para que dicho Gobierno cambie de postura, o para que directamente se cambie de Gobierno. Es por eso que se le dio apoyo a las últimas dictaduras en América del Sur. El 11 de septiembre no aparece en el calendario por las torres gemelas, ya que un 11 de septiembre las fuerzas militares de Chile fueron la punta de lanza del golpe al  gobierno de Allende. El sistema de gobierno es solo una mascara.

En la verdadera democracia el pueblo es el actor principal, en la pseudo-democracia el pueblo es adormecido. En la verdadera democracia los políticos están a disposición del pueblo. En las democracias de cartón, los políticos responden a los intereses de turno. En las democracias reales el Estado busca romper con la desigualdad existente. En las pseudo-democracias el Estado… no existe. No es por ser negativo, pero si uno contempla la historia y el mapa político mundial actual puede apreciar que existe más presencia de una democracia sobre otra. ¿No llegó el momento de que nos dejen de mentir y por lo menos nos muestren sus caras aquellos que realmente nos gobiernan?   Es preferible creer que estamos en un mundo civilizado, en vez de darnos cuenta que la barbarie está sentada en el trono.

Cuando no existe el respeto hacia nosotros mismos


Como sociedad tenemos dos características negativas que se complementan y lamentablemente se potencian. Cuando aparece un problema, la culpa es siempre de otro y la responsabilidad de resolverlo también. Nos limitamos a levantar el dedo acusador,  a la par que llevamos adelante nuestro discurso moral sobre lo que se debe hacer. Pero somos como los toreros, sin embargo en vez de evitar que un toro nos envista, nosotros buscamos por todos los medios eludir nuestras responsabilidades ciudadanas. Es preferible que otro lo haga, total criticar es gratis.

Acusamos a los políticos de que no traen respuestas, de que no son dignos de ser representantes del pueblo. ¿Pero nosotros somos muy distintos en nuestros comportamientos cotidianos? ¿Nosotros no nos faltamos el respeto como miembros de la sociedad? O a caso no somos nosotros los que motivados por un asiento libre, al subirnos al tren pasamos por arriba a los que intentan bajar, sin mirar quien esta delante. No somos nosotros los que andamos por la calle chocándonos con los demás sin pedir disculpas. Somos los mismos que cruzamos la barrera cuando está baja y nos horrorizamos cuando alguien fue atropellado. A caso el empresario que tira desechos en el rio, ¿no es parte de la sociedad? Los que buscamos evadir impuestos, pero exigimos más servicios, ¿tampoco somos nosotros?

Echamos la culpa a los políticos por la realidad que vivimos, pero a la hora de votar preferimos elegir a Clemente. La moral, la ética, la responsabilidad es para exigir, pero no para llevar adelante nuestras responsabilidades cívicas. Seguimos sin darnos cuenta, que la sociedad no se modifica solo por un decreto o una ley, es necesario también de las pequeñas grandes decisiones que tomamos a diario, como es cruzar un semáforo en rojo.

Categorías:Sociedad, Utopía

La igualdad que no se busca


Cuando llegan las épocas de elecciones, los candidatos llenan sus discursos de conceptos armados que algún especialista de turno le recomendó decir. Quizás porque saben que los oídos comunes se endulzan con ciertas palabras, por eso es que las promesas rondan en los mismos temas: seguridad, trabajo, educación, igualdad, etc. Pero justamente al hablar de igualdad,  se la minimiza, volviéndola un concepto más. De hecho uno escucha seguido el reclamo de igualdad por parte de diversos sectores de la sociedad, pero en algunos casos pareciera que lo hacen simplemente porque es socialmente correcto hacerlo.

¿Se sabe a qué se refiere uno cuando reclama igualdad?¿aceptaría uno un trato igualitario?¿ Queremos que todos estemos igual? O ¿disfrutamos estar mejor que otros?  No es la misma sociedad la que se desgarra las vestiduras al hablar de la igualdad y por detrás es la que se queja cuando a un villero el Estado le entrega una casa (haciendo cumplir el derecho a una vivienda digna).  De hecho hay frases típicas, que suelen sonar como disco rayado al repetirse en tantas bocas, por ejemplo:”yo me rompo el alma trabajando, y a estos que no hacen nada le dan un techo”. O hay casos en que la sociedad es más cruda y sentencia sin lugar a apelación, por ejemplo cuando dice:” nació chorro, no aprende más”.

No hay dos sociedades, somos la misma. Somos o contradictorios, o ignorantes o hipócritas. Igualmente se  llega a la misma conclusión, se pide lo que se desconoce. Reclamamos igualdad pero desde nuestro ego.  Respondemos a la corriente liberal, para la cual la sociedad civil fue creada para defender las libertades individuales y  el Estado no pueda entrometerse en la propiedad privada. “Lo que es tuyo, te lo ganaste, y si otro no tiene que se joda por no tener”. ¿Y la igualdad de oportunidades? Si todos somos iguales, ¿por qué no a todos se les brinda las mismas oportunidades para salir adelante? Por ejemplo, por que una universidad pública se preocupa por tener un estacionamiento más grande, en vez de luchar para que no exista un estudiante que deje de cursar porque no puede pagar un boleto de bondi.

Latinoamérica es el continente donde existe la mayor brecha entre ricos y pobres, y la Argentina no escapa a dicha realidad. Lo que indica que es vital que entendamos de que hablamos  cuando hablamos de IGUALDAD. Quizás nos deberíamos acercar al concepto de IGUALDAD de condiciones, o de IGUALDAD de oportunidades. A su vez quizás nos podamos replantear ¿Es correcto fijar las bases de una sociedad desde las libertades individuales? ¿es primero yo, después vemos? O ¿estamos dispuestos a ceder para que otros mejoren? Es difícil plantear patear el tablero y reestructurar una sociedad. No se puede buscar el contrato que la fundó, romperlo y volver a escribir uno. La sociedad ya existe, tal cual es. Pero quizás sea hora de que la sociedad o se saque la careta o reconozca su ignorancia sobre ciertos temas. O sea que dejemos de hablar sin entender.

Categorías:Utopía

El costo de las palabras


Esta claro que dentro de parámetros normales,  uno es libre de decir lo que quiere. Y nadie podría cuestionar su derecho a eso. Pero hablar sin tener un respeto por el contenido no debería estar permitido. O por lo menos ciertas palabras deberían tener un costo para aquel que no respete su significado y por ende que las utilice incorrectamente. ¿Qué palabras?¿Y qué quiere decir correctamente?

Palabras como democracia, verdad, justicia, libertad, igualdad, solo deberían ser utilizadas en casos donde la persona que las evoque refuerce su significado con sus valores. Por ende, aquellos que las utilizan sin darle consistencia deberían pagar por su uso. Digo, para que no sea gratis que un político de turno utilice discursos vacios.

Por ejemplo, cuando un candidato, aconsejado por agentes publicitarios que ya no saben como exprimir su creatividad, le promete a la sociedad su futuro compromiso por la lucha por la igualdad. Ahí debería definir a que igualdad se refiere, ¿igualdad de negocios para sus socios?¿igualdad de corrupción que el gobierno anterior? Otro caso claro es cuando el presidente de una potencia extranjera da un discurso efusivo sobre la defensa de la democracia para justificar la invasión a otro pueblo. Ahí le está faltando el respeto al significado de la palabra democracia. O se equivoca de palabra. Quizás debería buscar alguna cuyo significado sea  defender intereses privados mediante el derramamiento de sangre. Por ende, si los discursos son vacios de contenido, porque son parte de un teatro al cual ninguno iría gratis, ¿por que nuestros oídos se tienen que contaminar sin algún tipo de resarcimiento?

Estas personas hacen del arte de la retórica un mercado persa en donde los vocablos se prostituyen para contaminar discursos y lavar cabezas, donde los conceptos con peso figuran en el libro de las rarezas. Por esa gente habría que poner un precio al uso de ciertas palabras. Que mejor manera de terminar con los discursos falsos que pegando en el lado más sensible, el de la billetera. Obviamente no le vamos a pedir a estos habladores, que se nutran de sus valore$, porque van a pensar en una lista de precio, más que un inmersión en su ética. Si  es necesario un motivo para aplicar esta reglamentación, podemos levantar la bandera de la seguridad nacional, ¿o acaso nuestra cabeza no sufre de la inseguridad cultural producida por el abuso de éstas palabras?

Categorías:Uncategorized, Utopía