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Archive for the ‘Sociedad’ Category

Para ir al cine….


Categorías:Actualidad, Política, Sociedad

Irresponsabilidad social empresaria


Realidades como las que vive Egipto no son una novedad, África en su conjunto sufre por haber sido el sustento de otros continentes. Primero mediante el colonialismo explicito, y luego mediante el colonialismo que mantuvieron bajo el control de grandes empresas. Las colonias no se extinguieron, solo cambiaron de forma.

Las armas se modernizaron, y los lobos se esconden bajo la piel del cordero. Grandes empresas entran en naciones débiles, desajustando el peso de la sociedad. Ya que gobiernos con legitimidades frágiles, no tienen recursos para hacer frentes a todas las necesidades que se le presentan. Ante ese panorama, estos cuervos llegan con sus “grandes” inversiones, y al igual que un tumor afectan órganos vitales, infectando de corrupción y desigualdad a sus víctimas.

Un claro ejemplo es la cantidad de golpes que existieron desde la independencia en los países de África, y como los únicos que se benefician con el derramamiento de sangre son las empresas extranjeras que explotan (nunca mejor utilizado) los recursos naturales. Por citar un solo caso, al estudiar la historia de Nigeria es imposible no ver el rol vital que tuvo Shell. Ya que no importa quien estuviera en el poder, ningún gobierno atento contra las actividades de la empresa en el delta del Niger. Por más que esto significara destruir la biodiversidad y afectar a los pueblos que habitan en sus cercanías.

Igualmente, sería necio si pensara que esta enfermedad solo existe en África. Por el contrario entiendo que estas multinacionales se fueron del control de los Estados. Sus recursos superan a los de muchos países. Por ejemplo podemos recordar a la United Fruit Company, que mientras existió controló la vida (económica y política) de muchos países de América Latina.

Por eso es vital que tomemos conciencia de la importancia del rol del Estado. Ya que sin un Estado fuerte que regule y controle el mercado es imposible que exista igualdad. Además es necesario que dejemos de culpar a nombres mediáticos, y ataquemos a los verdaderos responsables de estas atrocidades que aquejan a las naciones modernas.  Estos culpables son titiriteros sin rostro, que viajan por el mundo en aviones privados buscando nuevos destinos para explotar.

“Yo pago mis impuestos”


 

Lo sucedido en villa Soldati, permitió que en las discusiones emane el discurso más retrogrado de la sociedad. El que nace desde del “yo”. Ese “yo” que se nutre de las concepciones liberales de libertad y derecho. Defensa de la propiedad privada, sin importar las necesidades del otro. Primero mi vida y después el resto. “¿Por qué le dan casas a los negros y a mi no?”,”Que los hagan laburar”, “yo pago mis impuestos”, son algunas de las frases que demuestran esa forma de pensar.  La cual no quiere entender de un Estado que ayude a otros que menos tienen. Ya que para aquellas voces, el otro no es un igual. Por el contrario, el otro es un ser menor, cuyas necesidades “compiten” con las de uno.

Esta forma de pensar, potenciada por la carencia de una identidad nacional que agrupe, limita la formación de una sociedad madura. La historia permite demostrar que aquellos que optaron por la búsqueda del beneficio particular sobre el general atentaron directamente contra el crecimiento del país.

Es necesario un punto de análisis distinto, no se puede partir siempre desde el “yo”. No solo es egoísta, sino también conservador. Debido a que no permite un cambio de reglas. Lo cual demuestra como para ciertos sectores es impensado que aquellos que menos tienen, puedan romper con sus condiciones de clase. Si no se discuten las necesidades de aquellos que menos tienen, nunca se podrá trabajar correctamente con el objetivo de lograr un país más igualitario.

Locuras reales


A continuación les voy a presentar a una persona bastante particular. Se llama Hugo López, y estuvo internado en el Borda. No voy a decirles nada más, solo los voy a invitar a que lo conozcan…

Primero, con un tema de su autoría…

Y luego con una definición sobre la pobreza más que interesante…

Cambalache


Estoy podrido de sentirme parte de una sociedad que tiene sus bases reforzadas con hipocresía e ignorancia. Estoy podrido que nos hayamos acostumbrado a ir por la vida mirando sin ver. Volviendo lo trágico parte natural del pasaje diario. Estoy podrido que el ser alguien se gana con un título o una cuenta bancaria. Estoy podrido de que para algunos el respeto se gana por el simple hecho de usar traje. Estoy podrido de formar parte de una sociedad corrompida, que no se pone a pensar en lo que significa el ego, porque se distrajo mirándose el ombligo en el espejo. Estoy podrido de haberme acostumbrado a ser parte de un sistema que nos erosiona constantemente al volvernos un engranaje más de la gran maquinaria. Si logramos cortar los hilos del titiritero, nos volvemos un salmón, pero que no solo nada contra corriente, sino que también se enfrenta contra la indiferencia. Estoy podrido de los rebeldes, que se aburguesan, y al probar las mieles de la comodidad, apagan su fuego interno. Estoy podrido de no poder contradecir a Discépolo. Al final voy a tener que seguir los pasos de Serrat y reconocer que Cambalache es la mejor radiografía que se sacó de la sociedad.

Categorías:Sociedad

Gatopardismo


Por biscuitt

“El fútbol es el opio de los pueblos” murmuraron por ahí. ¿El fútbol? No encuentro lo narcótico en este juego-deporte, socialista por excelencia. Para ello debería desviar mi foco hacia lo que vienen montando a su alrededor desde hace décadas. Comprender su rol en sociedad y aplicarle la decadencia sistemática de las mismas. Sociedades no narcotizadas por la belleza estética de un partido bien jugado, sino por la desaparición forzada de los clubes como “Asociaciones Civiles”, siendo reemplazadas por “Sociedades Anónimas”, en forma explícita o encubierta. Hinchas como rehenes en medio de un fuego cruzado, entre poderes políticos, empresariales, y las más puras pasiones, la sed que solo se sacia ante un gol maravilloso, una gambeta electrizante, un quite recio, el toque, una atajada espectacular. Rehenes del Estado, de la A.F.A. y su Comité Ejecutivo, de Grondona, del Grupo Clarín y sus planetas, de los barras-bravas.

La Revolución amagó gestarse gracias a “Fútbol para Todos” (aunque aún sigue siendo un eufemismo). La A.F.A. recibiría 600 millones de pesos en concepto de derechos televisivos. Por ende, los clubes de Primera División se harían de entre 30 y 16 cada uno, lo cual les significaba oxígeno económico, y la posibilidad de volver a desarrollar sus funciones sociales. ¿Entonces a que se debe el aumento de entradas? ¿A que se deben “populares” a 40$? Preguntas a las cuales corresponden respuestas nulas, como es usual. Ni siquiera el hoy interventor Estado admite alguna responsabilidad ante este hecho, cuando ayer fue el que sacó las papas del fuego gracias a su salvavidas monetario.

Ya han pasado dos Torneos y acaba de comenzar otro bajo esta novedosa modalidad de televisación. Pero los hinchas siguen pagando cifras irrisorias para presenciar partidos paupérrimos. Se los sigue intentando alejar de las cada vez más ruinosas canchas argentinas. Los socios seguirán utilizando las instalaciones de un club que desde hace tiempo no les pertenece, ya que no son Macri, Megatlón, Moyano o Tinelli. Otros estarán moviendo la antena de acá para allá, intentando agarrar el partido de la fecha. Clubes remendados, números en rojo, sin bases para cumplir con sus servicios comunitarios ni confeccionar proyectos de divisiones inferiores, planteles desmantelados, contratación de figurones, Europa que seguirá enriqueciéndose de piernas sudacas, como desde hace 25 años. Grondona continuará enjuagándose las manos, mientras el Estado quizás piense hasta donde fue realmente beneficioso negociar con Don Corleone, y el Grupo Clarín corre de juzgado en juzgado buscando se le otorgue el beneficio de litigar sin costo alguno, reservado a los más humildes; mientras las arcas flacas de los clubes se debieran estar alimentando de más equitativos ingresos por TV, además de los consabidos por ventas de jugadores, cuotas sociales, entradas. Demasiada guita para que debamos sintonizar lo mismo que ayer.

Categorías:Actualidad, Política, Sociedad

Cuando no existe el respeto hacia nosotros mismos


Como sociedad tenemos dos características negativas que se complementan y lamentablemente se potencian. Cuando aparece un problema, la culpa es siempre de otro y la responsabilidad de resolverlo también. Nos limitamos a levantar el dedo acusador,  a la par que llevamos adelante nuestro discurso moral sobre lo que se debe hacer. Pero somos como los toreros, sin embargo en vez de evitar que un toro nos envista, nosotros buscamos por todos los medios eludir nuestras responsabilidades ciudadanas. Es preferible que otro lo haga, total criticar es gratis.

Acusamos a los políticos de que no traen respuestas, de que no son dignos de ser representantes del pueblo. ¿Pero nosotros somos muy distintos en nuestros comportamientos cotidianos? ¿Nosotros no nos faltamos el respeto como miembros de la sociedad? O a caso no somos nosotros los que motivados por un asiento libre, al subirnos al tren pasamos por arriba a los que intentan bajar, sin mirar quien esta delante. No somos nosotros los que andamos por la calle chocándonos con los demás sin pedir disculpas. Somos los mismos que cruzamos la barrera cuando está baja y nos horrorizamos cuando alguien fue atropellado. A caso el empresario que tira desechos en el rio, ¿no es parte de la sociedad? Los que buscamos evadir impuestos, pero exigimos más servicios, ¿tampoco somos nosotros?

Echamos la culpa a los políticos por la realidad que vivimos, pero a la hora de votar preferimos elegir a Clemente. La moral, la ética, la responsabilidad es para exigir, pero no para llevar adelante nuestras responsabilidades cívicas. Seguimos sin darnos cuenta, que la sociedad no se modifica solo por un decreto o una ley, es necesario también de las pequeñas grandes decisiones que tomamos a diario, como es cruzar un semáforo en rojo.

Categorías:Sociedad, Utopía