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Un americano como pocos


El 17 de agosto se recuerda la fecha en la que José de San Martín, dejó de ser parte del mundo terrenal, para dedicarse a vivir como una leyenda. Este hombre, con sus virtudes y defectos, supo derramar hasta la última de sus gotas de sudor por la causa latinoamericana. No buscó la riqueza, no buscó la fama, buscó contribuir con una idea, una idea de libertad. Que pocos entendieron y muchos violaron.

Que mejor ejemplo del ultraje, que la historia oficial. Historia que hoy sigue viva en la mayoría de los manuales para el colegio. Por nombrar algunos casos podemos decir que dicha historia oficial nos quitó a Artigas, ya que no lo podía matar, lo desterró a  Uruguay; además la historia oficial al narrar sobre los Infernales de Güemes, creyó más acorde referirse a honrados hombres del norte, en vez de reconocer que eran gauchos los que defendían la frontera del norte. Esta misma historia oficial, nos quiere vender un San Martin básico, que solo cruzó los andes y de paso liberó dos países, para después tomarse un retiro en Francia. Cuando en realidad fue más que una simple espada, fue un cuerpo y mente al servicio de la patria, fue una causa. Representó al nacionalismo real, al que no busca dividir y discriminar. Y no se fue por un retiro voluntario. Sino porque un grupo de hombres que representaban los intereses de Buenos Aires, que la historia oficial tilda “de bien”, quisieron acelerar la visita de la parca. Debido a que temían que San Martín se sumara a las fuerzas federales en las luchas internas. Desconociendo que el sable de San Martin no se nutriría de la sangre de sus hermanos. Pero estos verdaderos traidores, que monopolizaron la historia nunca pudieron entender que existan personas que fueran distintas a ellos. Por culpa de estas personas San Martín tuvo que morir separado de su gran amor, su tierra.

El tiempo pasó y la sociedad en gratitud a sus servicios convirtió a algunos próceres como San Martín en meros adornos de plazas, otros ni esa suerte tuvieron. Ya que la historia oficial pudo borrarlos de la memoria, quizás porque no le era redituable a sus intereses tener presente a hombres que dieron todo por la patria desinteresadamente. San Martín pudo evitar el olvido, porque es difícil tapar el sol con la mano. Pero igualmente es la  hora que al prócer lo bajemos del caballo, y aprendamos del hombre que supo defender con su vida aquello que todavía no existía, pero que él igualmente creía.El padre de la patria

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Categorías:Pensamientos aislados
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