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Cuando los medios son medios


Los medios de comunicación no solo generan temas de debate sino que a su vez son uno en si mismo. Durante el transcurso del siglo pasado, fueron construyéndose un lugar de peso en la sociedad. De peso porque se volvieron “los guardianes de la verdad”, y nutridos de “objetividad” actúan como jueces de, lo que ellos crean, la actualidad.

Desde un informe, o una columna de opinión pueden derribar las paredes de Troya o hacer pasar a un grano de arena como una montaña. A su vez manejan la memoria de esta sociedad que vive corriendo. Que mejor muestra que sacar un tema de la agenda cotidiana, si los medios lo nombran, parece que desaparece. El origen de esta fuerza está compuesto por conjunto de situaciones. Quizás uno sea la falta de reacción por parte de la justicia. Ya que la justicia no tiene la velocidad de un videoclip. Y por ende, un informe de quince minutos tiene un peso social equivalente a la de una sentencia de un juez. Pero ¿deben cumplir esa función?

Si uno visita el manual del periodista dice que: “el periodismo tiene como función formar, informar y entretener”. Pero al ver en lo que se convirtieron la mayoría de los medios, uno se da cuenta que esas funciones solo quedaron ahí, en el manual. La capacidad de manejar la opinión pública es preocupante.

El problema de que los medios sean “los guardianes de la verdad” es que son empresas. Empresas que buscan, en su mayoría, un rédito económico. Por ende están condicionados. O ¿pueden denunciar libremente a las empresas que le dan la pauta publicitaría? Si uno se guía por los hechos, no.

Hoy los medios ocupan ese lugar privilegiado en la sociedad y pareciera que no lo van a dejar. Porque si se busca atenuar su poder, surge la defensa, con la fuerza de un tsunami, con la bandera de la libertad de expresión. Es un tema delicado de discutir, y esto los que manejan a los medios lo saben. Por ende al salir con la bandera de la libertad de expresión corren la discusión a la arena que más le conviene.

Pero entonces surge una duda, ¿son intocables? ¿Pueden juzgar sin que se les reclame nada? ¿No incurre en mala praxis un periodista o un medio cuando tergiversa información debido a un interés económico?

La libertad de expresión es un derecho que costó ganar, mucha sangre se derramo, para que los buitres hagan negocios a sus espaldas. Por ende, no debería ser un recurso que vuelve inmune al que lo solicita para que diga lo que quiera. Igualmente, creo que ciertos espejismos mediáticos se están desvaneciendo. Parte de la sociedad ya no los consume obsecuentemente. Porque como espectadores y consumidores de los mismos tenemos que ser críticos. Cuestionar y no asentir, sino la dictadura será del pensamiento.

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Categorías:Sociedad
  1. 17/06/2010 en 7:45 am

    Hace ya tiempo que los medios de comunicación han sucumbido al clientelismo y servidumbre de quienes les dan de comer, independientemente de que éstos provengan de la iniciativa pública o privada. Tan sólo los grandes, no ajenos al acuciante problema de financiación, se toman ciertas libertades; el resto, intentan aportar su granito de arena a la sociedad entre la presión que ejercen los editores, poderes públicos y un largo etcétera que cada vez dejan menos margen de maniobra para ese profesional que aún mantiene la esperanza de informar con objetividad y contribuir, con ello, a una realidad más transparente y democrática. Quizás por eso, los espacios digitales, los blogs, las redes sociales…, se hayan convertido en un caballo de batallas de quienes se han visto atados de pies y manos para difundir aquello que “no es políticamente correcto”, y quizás sea por esto también que los grandes Lobbys informativos se han aventurado en esta carrera por controlar el espacio informativo en la Red de redes. Confío en que internet nos devuelva aquello que perdimos hace tiempo: la capacidad de pensar, de informar, de hacer reflexionar a la sociedad, de presionar a quienes se posicionan en lo más alto para evitar excesos , de movilizar, de hacernos eco de quienes no tienen palabra y de desempeñar una profesión en la que, como dijo Kapuscinski, los cínicos no tienen cabida.

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